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LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA - (parte 1 Revelaciones a María Valtorta …María, en su pequeño cuarto solitario situado arriba en la terraza, vestida enteramente de cándido lino… … toma la túnica y …More
LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA - (parte 1 Revelaciones a María Valtorta

…María, en su pequeño cuarto solitario situado arriba en la terraza, vestida enteramente de cándido lino…
… toma la túnica y el manto que tenía en el Calvario; de los de su Hijo, una túnica de lino que Jesús acostumbraba a llevar en los días veraniegos y el manto encontrado en el Getsemaní, todavía manchado de la sangre brotada con el sudor sanguíneo de aquella hora tremenda.

… Voluntad del Padre suyo, eran actos de obediencia a la Voluntad divina, y, por tanto, yo lo aceptaba porque yo también he obedecido siempre a los deseos y planes de Dios para mí. Cuando Jesús me dejaba, sufría. ¡Claro! Me sentía sola. El dolor que sufrí cuando, siendo niño, me dejó ocultamente por el debate con los doctores del Templo, sólo Dios lo ha medido en su más auténtica intensidad; y, a pesar de ello, aparte de la justa pregunta que, como madre, le hice por haberme dejado así, no le dije nada más. Y tampoco lo retuve cuando me dejó para manifestarse como Maestro... y ya había enviudado de José, y, por tanto, estaba sola, en una ciudad que, excepción hecha de algunas escasas personas, no me quería. Y no mostré estupor por su respuesta en el banquete de Caná. Él hacía la voluntad del Padre, yo lo dejaba libre para hacerla. Podía llegar a darle un consejo o a pedirle algo: un consejo sobre los discípulos, una súplica por algún desdichado. Pero más, no. Yo sufría cuando me dejaba para ir al mundo, a ese mundo que le era hostil, a ese mundo tan pecador, que el hecho de vivir en él le resultaba ya un sufrimiento. ¡Pero, cuánta alegría cuando volvía! Era una alegría tan profunda, que me compensaba setenta veces siete el dolor de la separación.

Desgarrador fue el dolor de la separación que siguió a su Muerte, pero ¿con qué palabras podré expresar el gozo que sentí cuando se me apareció resucitado? Inmensa fue la pena de la separación por su regreso al Padre, una pena sin término hasta el acabamiento de mi vida terrena. Ahora experimento el gozo, inmenso gozo como inmensa ha sido la pena, porque siento que mi vida toca a su fin. He hecho cuanto debía hacer. He terminado mi misión terrena. La otra, la celeste, no tendrá fin. Dios me ha dejado en esta Tierra hasta que he consumado -yo también, como mi Jesús- todo lo que debía consumar. Y tengo dentro de mí esa secreta alegría -única gota de bálsamo en medio de sus amarguísimos, finales, atroces sufrimientos- que tuvo Jesús cuando pudo decir: "Todo está consumado". …Porque la doctrina de Jesús es doctrina de amor. Porque la vida de Jesús, y también la mía, estuvieron siempre guiadas y movidas por el amor. Ninguno fue rechazado por nosotros, a todos los perdonamos; sólo a uno no pudimos otorgarle el perdón, porque él, siendo ya esclavo del Odio, no quiso nuestro amor sin límites. Jesús, en su último adiós antes de la muerte, os mandó que os amarais los unos a los otros. Y os dio incluso la medida del amor que debíais guardaros, diciéndoos: ―Amaos los unos a los otros como Yo os he amado. Por esto se sabrá que sois mis discípulos‖. La Iglesia, para vivir y crecer, tiene necesidad de la caridad. Caridad, sobre todo, en sus ministros. Si no os amarais entre vosotros con todas vuestras fuerzas, y, de la misma manera, no amarais a vuestros hermanos en el Señor, la Iglesia se haría estéril, y raquítica y escasa sería la nueva creación y la supercreación de los hombres, para el grado de hijos del Altísimo y coherederos del Reino del Cielo, porque Dios dejaría de ayudaros en vuestra misión. Dios es Amor. Todos sus actos han sido actos de amor. Desde la Creación hasta la Encarnación, desde ésta hasta la Redención, desde ésta, a su vez, hasta la fundación de la Iglesia, y, en fin, desde ésta hasta la Jerusalén celestial, que recogerá a todos los justos para que exulten en el Señor.

R O S A R I O DE MAR A MAR

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