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Confusión sobre el aborto

Confusión sobre el aborto

Néstor, el 9.07.20 a las 3:27 AM

Lo que sigue son unas breves reflexiones sobre las recientes declaraciones de Mons. Agrelo acerca del aborto.

Tras decir que no todos los abortos son inmorales, ha reaccionado, dicen, contra las consiguientes críticas, con este texto:

“La palabra es la misma para todos: «aborto». Pero en cada uno evoca mundos diversos.

En algunos el aborto evoca sólo un pecado horrible, un crimen, una crueldad… y para quien aborta sólo cabe la declaración de culpable de un pecado horrible, de un crimen, de una crueldad.

Esas personas creen firmemente que no hay más mundo que el que ellas ven a través de la mirilla instalada en su tomo de normas morales. ¡Escaso mirador para un mundo que va mucho más allá de la propia escalera!

Esos observadores del mundo a través de su angosta mirilla moral, nada saben de las madres que perdían a sus hijos porque durante el embarazo habían de hacer los mismos trabajos y llevar las mismas cargas que en los días de su ingravidez.

Esos observadores del mundo a través de su ojo inmoral, nada saben de cuidados y preocupaciones, de miedos y angustias por la criatura que se puede perder, no digamos ya por la criatura que de hecho se pierde, y que, sin nombre y sin abrazos, la piedad ha de devolver a la tierra.

Esos observadores del mundo a través de un ojo sucio, nada saben de las heridas que un aborto provocado puede dejar abiertas para siempre en la carne de una mujer o de un hombre.

Cuando esos observadores, para satisfacción de su vanidad moral creen haber sorprendido a alguien en flagrante delito de aborto, recuerdan la condena establecida para el delincuente en el tomo moral a través del cual se obstinan en no ver el mundo, y se lo llevan a Jesús.

Ni entonces ni ahora interesa “la pecadora”. Sólo interesa desautorizar a Jesús: O traiciona su misericordia, o queda a la vista de todos que es un traidor a la ley.

La palabra continúa siendo la misma para todos: «aborto».

Para los de la mirilla angosta, el mundo evocado es sólo un infierno frío, gélido, oscuro, ajeno a la vida… sólo un infierno.”


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Da la impresión, entonces, de que, según Mons. Agrelo, los que sostenemos que el aborto provocado es un acto intrínsecamente malo, y más aún, un “crimen abominable”, como dijo San Juan Pablo II (¿el de la “mirilla angosta”?) no sabemos distinguir entre el aborto provocado y el aborto espontáneo.

En efecto, vuelvo a copiar:

“Esos observadores del mundo a través de su angosta mirilla moral, nada saben de las madres que perdían a sus hijos porque durante el embarazo habían de hacer los mismos trabajos y llevar las mismas cargas que en los días de su ingravidez.

Esos observadores del mundo a través de su ojo inmoral, nada saben de cuidados y preocupaciones, de miedos y angustias por la criatura que se puede perder, no digamos ya por la criatura que de hecho se pierde, y que, sin nombre y sin abrazos, la piedad ha de devolver a la tierra.”


¿Acaso las leyes que despenalizan el aborto, a las cuales nos oponemos con toda el alma gracias a Dios, son leyes que van contra la penalización del aborto espontáneo?

En realidad, estamos seguros de que nuestro rechazo se dirige solamente al aborto provocado y su despenalización o legalización, y hasta tenemos la convicción de que sabemos la diferencia entre el aborto espontáneo y el aborto provocado.

El siguiente párrafo de Mons. Agrelo se acerca un poco más a la realidad, pues ahí habla del aborto provocado, que obviamente es el único tema en discusión:

“Esos observadores del mundo a través de un ojo sucio, nada saben de las heridas que un aborto provocado puede dejar abiertas para siempre en la carne de una mujer o de un hombre.”

Por el contrario, uno de los argumentos del movimiento pro-vida contra la legalización del aborto ha sido justamente el “síndrome post-aborto”, es decir, la gran cantidad de muy graves secuelas que deja en la mujer (y proporcionalmente, en el hombre que es culpable también) el aborto provocado.

Es más, más bien han sido los “progresistas” los que han tratado de negar la realidad de dicho “síndrome post-aborto”, para minimizar la gravedad del “aborto legal” al que no quieren oponerse o incluso favorecen.

Pero Mons. Agrelo continúa:

“Cuando esos observadores, para satisfacción de su vanidad moral creen haber sorprendido a alguien en flagrante delito de aborto, recuerdan la condena establecida para el delincuente en el tomo moral a través del cual se obstinan en no ver el mundo, y se lo llevan a Jesús.”

Bueno, sí, hay que reconocer que la vanidad moral es siempre un riesgo, cuando uno piensa que forma parte del grupo de aquellos que se atreven a defender la vida del inocente no nacido en medio de la cobardía y la complicidad muy extendidas entre tantos, fuera y dentro de la Iglesia, ante un enemigo poderoso y lleno de dólares.

En cuanto a lo que tal vez nos impida ver el mundo, es probable que sea la inmensa montaña de fetos humanos abortados sobre la que está construida nuestra civilización actual, que hasta los usan para hacer vacunas, cosméticos o refrescos.

Esperamos con todo que Mons. Agrelo esté entre los primeros que alcen la voz en profética protesta cuando los mismos argumentos que él usa ahora se quieran usar para justificar, despenalizar y legalizar el homicidio del ser humano ya nacido, que es el paso siguiente que nuestra clemente civilización ya está ideando para venir en socorro de las mujeres que no hayan llegado a tiempo para el aborto.

Lo único que se le podrá reprochar entonces será la falta de lógica.

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