Clicks23
jamacor

Un nuevo modelo de fe

Un nuevo modelo de fe

Alonso Gracián, el 27.06.20 a las 11:00 PM

43

Desde los tiempos del modernismo combatido por San Pío X, su reanimación por las tesis del Personalismo y la Nueva Teología denunciadas por Pío XII —el neomodernismo—, y su consolidación en iglesias locales e instituciones docentes, se ha ido fraguando, como venimos viendo, un nuevo paradigma de fe. Se ha pasado del modelo de la no visión al modelo de la visión.

44

Siempre se ha enseñado que la fe «es incompatible con la visión intelectual o sensible», porque de suyo es de non visis (Cf. Suma II-II, I-4). «Por eso en el cielo desaparecerá la fe, al ser substituida por la visión facial» (Antonio ROYO MARÍN, Teología de la perfección cristiana, Madrid, 1958, pág. 435).

Por eso, como aclara en nota a pie de página Royo Marín, «las visiones y revelaciones privadas, sobre todo si son claras y distintas, más bien sirven de estorbo que de ayuda a la fe pura, como explica hermosamente San Juan de la Cruz (Subida II y III). (Ibid., pág. 435)». Lo cual significa que las revelaciones privadas pueden no servir de ayuda si se entrometen y desordenan el hábito de la fe, suscitando deseos indebidos de visión e incluso una vana curiositas. No se niegan ciertas experiencias misticas de visión, sino que este ver místico pueda sustituir a la virtud de la fe, incluso en ausencia del estado de gracia.

45

Por esto, usando una sabia pedagogía, los viejos catecismos recalcaban que la fe pertenece a un orden en que no se ve, sino que se cree. Un orden en que se adquiere un asentimiento firmísimo no en base a e-videncias, sino en base a la soberana autoridad de Dios, que no engaña.

Y así, se enseñaba, por ejemplo en el Catecismo de la doctrina cristiana del P.Astete:

P.: ¿Qué cosa es fe?

R: Creer lo que no vimos.

P.: ¿Visteis vos nacer a Jesucristo?

R: No, Padre.

P.: ¿Vísteisle morir o subir a los Cielos?

R: No, Padre.

P.: ¿Creéislo?

R:Sí lo creo.

P.: ¿Por qué lo creéis?

R: Porque Dios nuestro Señor así lo ha revelado y la Santa Madre Iglesia así nos lo enseña.

46

Por contra, en el momento presente, se divulga un modo de entender la fe que incide, machaconamente, en que la fe es ver, mirar, relacionarse con alguien que se tiene delante, al que se puede sentir, escuchar e incluso acariciar sensiblemente. Las características de ciertas experiencias místicas, entonces, pasan a sustituir, descontextualizadas, a la virtud teologal de la fe, como si ésta fuera lo mismo que un fenómeno místico extraodinario. Se reemplaza lo ordinario por lo extraordinario y lo general por lo particular.

Y todo ello al margen del estado de gracia, como si la mística no formara parte normal del desarrollo de la gracia santificante en la vida del cristiano. Como si para la vida mística, también la que es rica en fenómenos extraordinarios, no fuera necesaria la fe teologal, sino sólo la experiencia sensible de lo nouménico y misterioso; como si no fuera necesaria, tampoco, la gracia santificante. Como si uno pudiera seguir estando obstinadamente en pecado y tener derecho, al mismo tiempo, a las experiencias místicas de los santos. Como si para la vida mística fuera innecesario el Credo. Como si la fe no consistiera en creer.

47

En el fondo de este cambio de modelo no hay más que la influencia del protestantismo y del pensamiento neomodernista influido por él y por el pensamiento moderno. Influencia que se muestra en la devaluación de lo sacramental y de la Iglesia. Como si no fuera, ya, la Iglesia, la que nos da la fe, y nos educara en ella como Madre y Maestra. Como si el individuo solo se bastase con sus experiencias místicas extraordinarias, y no necesitase mediaciones. Como si solamente lo extraordinario, como una conversión tumbativa, digamos, o una revelación privada, o una experiencia mística extraordinaria, tuviera valor o fuera auténtica, y no el modo ordinario de creer, mediado por el Bautismo.

Las expectativas de la subjetividad, en el pensamiento moderno, son de tal magnitud, que no concuerdan del todo con un orden sacramental, en que existe un modo ordinario y mediato de hacer las cosas. El hombre moderno necesita una experiencia nouménica singular para sentir que es auténtica, conforme al paradigma kantiano. Por eso algo tan teologal como la virtud de la fe siempre estará, bajo está perspectiva, necesitado de subjetivismo.

Categorías : Sin Categorías