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De cuando el Papa y el rey de España premiaron a los obreros de Gaudí

De cuando el Papa y el rey de España premiaron a los obreros de Gaudí

Por Fernando Beltrán | 24 mayo, 2020
Hoy les traemos una historia de grandeza ocurrida a las afueras de Barcelona hace más de un siglo en una colonia industrial y protagonizada por sus propios trabajadores. ¿Qué hizo que el Papa y el rey de España se fijaran en ellos?

En 1890, por iniciativa del empresario Eusebi Güell -conocido principalmente por haber sido el mecenas del genio catalán Antonio Gaudí- comenzó a formarse en su finca Can Soler de la Torre, situada al oeste de Barcelona, una colonia industrial.

El empresario trasladó allí la industria textil que tenía ubicada en Sants, conocido barrio de la Ciudad Condal, con el fin de alejarse de los conflictos sociales presentes en la capital catalana. El proyecto, en el que participó el propio Gaudí y sus colaboradores, disponía de hospital, hostal, escuelas, comercios, teatros, cooperativa y capilla, además de las fábricas y las viviendas de los obreros.

En la Colonia Güell terminó habiendo incluso un convento de carmelitas y varias cofradías, siendo un lugar visto con buenos ojos por las autoridades eclesiásticas, como atestiguan las visitas que recibió por parte de varios prelados. En un tiempo en el que la Doctrina Social de la Iglesia estaba sufriendo un fuerte desarrollo -recordemos que por esas fechas, en 1891, el Papa León XIII publicaba su encíclica ‘Rerum Novarum’-, esta colonia se podría ver como un gran ejemplo de cómo hacer las cosas.

Prueba de este ambiente cristiano que se respiraba en la colonia que compartían más de 1.000 obreros, queda reflejada en la biografía de Antonio Gaudí de Gijs van Hensbergen (Plaza y Janés,2002). Hensbergen, cuenta una anécdota acontecida en la colonia, a principios del siglo XX, provocada por un accidente.

El 23 de febrero de 1905, José Campderrós, cayó en una caldera de líquido corrosivo quemándose toda la piel de las piernas. Según parece, la única solución era apuntar ambos miembros. Sin embargo, en una impresionante muestra de generosidad y espíritu comunitario, el párroco, los hermanos Claudio y Santiago Güell -familiares de Eusebi- y cuarenta y ocho colegas trabajadores ofrecieron su piel para un injerto.

Seis semanas después del percance, cuando Campderrós estuvo lo bastante recuperado como para someterse a la operación, les fueron extraídos los trozos de piel a los voluntarios. Sin anestesia.

Este gran acto de caridad colectiva tuvo una gran trascendencia pública, tanta que llegó al mismísimo Vaticano. El Pontífice reinante por aquel entonces era san Pío X. El Papa decidió honrar a cada donante de piel con la medalla de oro Benemerenti.

Pronto se les empezó a denominar ‘los bartolomés’, en honor al apóstol con ese nombre, que fue martirizado desollándole vivo.

El rey de España, Alfonso XIII, también premió a estos trabajadores con la Cruz de la Beneficencia de primera clase. Y a Santiago y Claudio Güell les hizo nobles.

por Fernando Beltrán.