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4 lecciones de duelo y reconciliación que me dejó la serie «WandaVision»

4 lecciones de duelo y reconciliación que me dejó la serie «WandaVision»

Soy una gran fan de las películas de Marvel. Cada una la he visto múltiples veces, y en otras tantas ocasiones las he puesto «de fondo» para oírlas mientras pinto (soy ilustradora). Entonces, obviamente, tenía que ver la serie «WandaVision».

Al ver el trailer, no me imaginaba la trama, pero decidí darle una oportunidad y entonces enterarme de qué iba. Hace un par de días vi el último episodio, y me quedé con el corazón hecho pedacitos y unas inmensas ganas de hablar de dos temas: el duelo y la reconciliación.

Si ya has visto la serie, continua leyendo. Si no lo has hecho, y tienes intención de verla, te advierto que hay algunos spoilers. Mejor guarda el artículo para leerlo una vez que hayas terminado la serie 😉


youtube.com/watch?v=sj9J2ecsSpo

Primero, quiero decir que la serie está muy bien hecha. Me encantó ver los efectos y cómo se iba adaptando la trama según los estilos audiovisuales y las distintas décadas en las que cada episodio se desarrollaba.

Pero pronto entendí qué en realidad el fondo era más profundo que la forma en la que estaba presentada.


Una breve introducción

En general, el papel de Wanda en las películas anteriores (en Age of Ultron, Civil War, Infinity War, etc.) siempre fue un poco trágico, y en cada uno de esos títulos pude sentir sus respectivos duelos.

Pero en esos momentos, su historia pasaba de largo, quedando en un plano más secundario. En WandaVision podemos ver en primera plana su dolor y la profunda cicatriz de sus respectivas pérdidas.

Perder a sus padres en un atentado, perder su juventud como «objeto de experimentación». Perder a su hermano, perder su «reputación» luego del accidente en Lagos, perder a su pareja, incluso perder a los Avengers que se habían convertido en su familia.


Vamos al corazón de Wanda

El retrato que se hace de Wanda, cuando Ágatha le llevaba a un viaje por momentos claves de su vida, es una descripción demasiado bien hecha de una persona que atraviesa una honda depresión. Me refiero especialmente al momento en que conversa con Visión, luego de la muerte de Pietro.

También cuando, luego del Blip, todo el mundo celebra, todo el mundo puede ser feliz, pero ella no puede participar de esa alegría. El mundo gira, pero ella está fuera de ese mundo.

¿Qué celebra o a quién puede celebrar, si nadie volvió a su vida? Más bien al contrario, volvió solo para encontrar más soledad.

No lo dice, pero casi podemos imaginarnos su pensamiento: «Hemos vuelto a ganar el mundo, y todos han ganado algo, ¿por qué no puedo ganar algo… por una vez?».


Entonces, necesita un cierre, necesita continuar

Piensa que despedirse de Visión y enterrarlo, le ayudará a continuar. Pero el dolor es demasiado grande, porque no le duele solo su muerte: le duelen, de golpe (y de nuevo) todas las perdidas, todas las muertes.

Le duele el cansancio, le duelen las frustraciones. Le duele cómo la vida la golpea… y parece haberle ganado.

Y como ocurre cuando alguien atraviesa una depresión: aparecen las mascaras, el aislamiento, la evasión. En WandaVision, hay una villana, Ágatha.

Pero la verdad es que Ágatha aparece en los últimos episodios para confrontar a Wanda con la realidad que había construido. ¿Es Ágatha la verdadera villana? ¿O es Wanda?


1. A veces, no hay un villano

Ni una ni otra. Si hubiera que señalar al villano principal… ¡creo que no hay! Es decir, todo gira en torno al dolor, el duelo y el sufrimiento de Wanda.

Y todo lo que ha pasado y ha hecho pasar a quienes le rodean, no lo hizo adrede. ¿Es culpable alguien por sentir dolor? ¿Es culpable alguien que atraviesa una depresión?

Sí, pudo haberse sincerado… pero ella no creía que lo que hacía estuviera mal. Era la falsa paz que le traía el ensimismamiento. Era la falsa calma que ella necesitaba, y creía que también podía dar a otros.

Por otro lado, es algo muy humano esto: cuando las cosas no salen, muchas veces queremos culpar a alguien (un amigo, una pareja, la familia, Dios, etc.). Pero otras tantas veces… no hay un culpable.

No hay un villano, nadie hizo algo «a propósito». Simplemente… es la vida, con sus matices, sus sombras, sus luces: una contradicción que no se esperaba, una enfermedad inoportuna, una tormenta el día de tu boda, etc.

Y es un gran paso aceptarlo, en lugar de buscar a quien echarle la culpa, para ir más a fondo de lo que realmente nos molesta o nos duele.

Quizás no es la contradicción en sí, sino el hartazgo de que las cosas «no salgan nunca» como uno las espera. No es la enfermedad, sino el terror de verse vulnerable. No es la tormenta, sino la incapacidad de abandonarse ante lo que no se puede cambiar.

Una vez que eso se identifique, es más fácil saber qué necesitamos (y qué podemos pedir a Dios): no una solución, o sanación, o un poco de sol, sino santa resignación, abandono, fortaleza, confianza, paciencia, etc.


2. Hay que dejar caer las máscaras

Una escena que me impactó fue la del contraste entre el grito desgarrador de Wanda cuando «crea» Westview y la sonrisa que dirige a Visión, cuando inmediatamente y a continuación aparece en una escena en blanco y negro.

Tipo serie de 1950, es brutal. Al mismo tiempo, reitero, es muy real, quien ha atravesado un duelo o una depresión, puede comprender lo fuerte que resulta esta escena.

Es una representación dramatizada pero, como digo, real: cuando tenemos un dolor grande, pero no podemos andar por la calle llorando o contando a todos nuestros problemas, entonces fingimos una sonrisa.

El problema está en que, muchísimas veces, nos olvidamos de sacar la máscara al llegar a casa o con nuestros amigos o incluso también comenzamos a «creer en nuestra propia máscara».

Nuestra máscara es entonces una máscara también para nosotros. Nos queremos convencer de que «estamos bien», «solo un poco cansados», «solo necesitamos descansar un rato», y no vamos al fondo de lo que nos duele. Y así, no podemos sanar nuestras heridas ni reconciliarnos con eso que duele.

Wanda consideraba que Westview era su hogar a partir de ese momento. Que esa era su vida, que esa era la verdadera Wanda. No es sino hasta que empiezan a caerse las máscaras —cuando ya no puede «censurar» lo que no va acorde a su escenario idílico o reescribir las situaciones que no le resultan agradables—, cuando empieza el camino de la reconciliación.

Ahí puede decir adiós a Visión, y al hacerlo, a todo lo que pudieron haber tenido juntos. Pero no solo con los demás: también consigo misma, pues es solo entonces y al final, cuando acepta su identidad como «scarlet witch».


3. El aislamiento no ayuda

También quiero destacar lo que me pareció una interesante metáfora: el aislamiento de Wanda en Westview. Literalmente, ella construyó barreras para que nadie pudiera ingresar a su espacio interior.

Nos pasa en muchas ocasiones: para evitar la incomodidad, cansancio o molestia de tener que dar explicaciones o poner buena cara, preferimos aislarnos.

Pero el dolor crece, porque ya no solo sentimos el mismo, ni el cansancio de utilizar máscaras, sino que, además, sumamos la soledad.

Wanda se sentía sola antes, también con gente. ¿Cuál es la diferencia entre la «soledad acompañada» y la «soledad sin gente»? La segunda es más nociva, porque la primera, nos fuerza eventualmente a convivir con los demás, a salir de nosotros mismos y a empezar un camino de sanación.

En cambio, mientras no hay compañía de quienes puedan ayudarnos a superar el duelo o la pena, la compañía que encontramos es la de los propios pensamientos.

Ideas erróneas y turbias que solo alimentan más la oscuridad. Y la soledad crece: cada vez uno está más solo y más inalcanzable.


4. Dejarse alcanzar

Aunque otros quieran ayudar —como Monica quiso ayudar a Wanda—, mientras uno se escude tras las barreras, no es capaz de aceptar esa ayuda. Uno puede pensar «¿puede un extraño entender, realmente, lo que estoy sintiendo?».

Quizás sí, quizás no. Pero solo abriéndonos al menos a la posibilidad de que alguien pueda darnos una mano, también nos abrimos a la de avanzar.

Como dije antes, a la oportunidad de salir de uno mismo. Y así, abriéndose… va escapando también la toxicidad que se guarda dentro. Va entrando de a poco, algo de luz.


En resumen

Creo que la miniserie da para más reflexiones, yo quise enfocarme en estas:

— Enfrentarse a lo que duele, que a veces es enfrentarnos a nosotros mismos

— Dejar caer las barreras

— Aceptar ayuda

¿Te das cuenta de que estas tres ideas también pueden ser materia de oración? A veces utilizamos máscaras también con Dios —aunque suene tonto, porque Él nos puede ver detrás de ellas—, cuando no nos sinceramos del todo.

Cuando no aceptamos nuestras pequeñeces o faltas, cuando no admitimos nuestra debilidad y vulnerabilidad, y nuestra gran necesidad de Él.

Otras veces, ponemos barreras. Porque nos escondemos, como Adán y Eva, de vergüenza por algo que hemos hecho, y nos da miedo dejar de ser amados o creemos que pedir perdón no solucionará nada.

O también, porque tenemos miedo de dar a Dios lo que nos pide… y que luego nos pida más.

Pero es necesario dejarle entrar a nuestras vidas, dejarnos alcanzar por Él y su gracia. Comprender quién es Él, quién eres tú, cuál es el plan que tiene para ti… ¡y verás maravillas!


¿Cómo puedo utilizar esta serie para mi apostolado?

Puedes utilizar esta miniserie para verla en partes con grupos juveniles, en una convivencia (o en el formato que la pandemia lo permita), y realizar un pequeño debate.

Te sugiero algunas preguntas que podrías formular en un grupo (o para la meditación personal):

— ¿Qué máscaras hay en mi vida?

— ¿Cuáles son las barreras que me alzo?

— ¿Utilizó máscaras también ante Dios?

— ¿Qué duelos necesito sanar? (No solo de personas, pueden ser proyectos que no se concretaron, sueños, cambios de vida, etc.)

— ¿Me dejo alcanzar por los demás?

— ¿Busco alcanzar y ayudar a los demás?

— ¿Me dejo alcanzar por Dios y dejo que Él me sane?

— ¿Hay algo que Dios me pide y no quiero reconocer?

Y tú, ¿qué preguntas añadirías?
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