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Un año para la Laudato si. Ganas de hacer el avestruz

Un año para la Laudato si. Ganas de hacer el avestruz

Jorge, el 22.05.20 a las 10:38 AM

Bien. Una ocurrencia más. Ganas de dedicarnos a lo menos importante quizá por que no sabemos, no queremos, no nos atrevemos, no nos dejan o no podemos, mejor no entrar en el por qué, dedicarnos a cosas que como Iglesia sí me parecen de una extraordinaria importancia.

Dedicar un año entero a algo se supone que es porque el asunto es de extraordinaria importancia y gravedad y es casi cuestión de vida o muerte que todo el mundo se haga consciente de una realidad que se hace imprescindible transformar. Otra cosa es que, como Iglesia, no tengamos nada más apremiante que la ecología integral.

Todo lo contrario. Rafaela, sin ir más lejos, y con ella Joaquina y todas las buenas gentes de Braojos, Gascones y La Serna, cuidan el medio ambiente, reciclan, separan residuos más que nadie: cenizas de la chimenea, cartón, plástico, vidrio, pilas, orgánico. Cualquier anuncio nos habla de lo ecológico, el ahorro energético, el respeto al medio ambiente. Las leyes están a favor, tenemos agentes forestales que cuidan nuestro entorno y un SEPRONA de la guardia civil para lo mismo. La ONU y no sé cuántos organismos institucionales apostando por lo ecológico.

No creo que nuestras parroquias y comunidades, salvando alguna excepción excepcional, podamos ser tachados de arboricidas, terroristas de la naturaleza, despreocupados del asunto. Todo lo contrario. Por eso me parece que no hace falta un año para seguir insistiendo en esto. Por supuesto que siempre se puede mejorar, pero la impresión es que es un tema que va más que bien, con prácticamente la humanidad entera concienciada y la Iglesia por supuesto. Dedicar un año entero a este asunto creo que es emplear fuerzas que mejor estarían en otras cuestiones.

Servidor, desde la cortedad de miras de sus tres pueblos serranos, emplearía este año mejor en alguna de estas tres direcciones.

Posiblemente la más urgente fuera dedicar un año a la Veritatis splendor. Digo esto porque si hay algo que se nos haya colado hasta la médula en la Iglesia es el relativismo moral, consecuencia del relativismo dogmático, según el cual hemos pasado de seguidores de Cristo camino, verdad y vida, a seguidores de Pilatos: ¿y qué es la verdad? Lo vemos cada día. Dependiendo del confesor, del director espiritual, del predicador las cosas pueden ser blancas, negras, verdes, fucsia o simplemente no ser, o ser aparentemente, o quizá sean. Esto acaba con la Iglesia, y lejos de ponerse remedio se alienta y consiente. Alguna vez he escrito que encontrarte interpretaciones del todo divergentes desde conferencias episcopales sobre moral cristiana es simplemente desolador.

Otra posibilidad que se me ocurre sería dedicar un año a la defensa del no nacido. En España, según datos oficiales, cerca de cien mil abortos al año. En el mundo, más de cincuenta y cinco millones. En la Iglesia poco se habla de esto, tan poco que son muchos los católicos que, sin justificarlo plenamente, lo disculpan. Oigan, que el pecado del aborto es algo tan serio que lleva pena de excomunión. ¿No merecería esto un año de estudio, reflexión, predicación, toma de conciencia?

La tercera sugerencia sería dedicar un año a la pastoral y la moral de la familia. En España el número de matrimonios disminuye año tras año. En 1981 se celebraban 5,3 matrimonios por 1.000 habitantes. Hoy apenas pasan de 3, y de estos tan solo el 20 % son matrimonios canónicos. Se ha pasado en España de una fecundidad de 14,1 hijos por 1000 habitantes en 1981 a apenas 9 en la actualidad. Otro dato interesante es que más del 40 % de los niños nacen fuera del matrimonio. Sigo con datos de España: seis de cada diez matrimonios acaban en ruptura.

Podríamos sugerir más posibilidades. Se lo dejo a mis lectores.

Lo que digo es que con una iglesia instalada en el relativismo que pierde fieles por el desagüe, en un mundo que sufre cada año millones de asesinatos de niños en el vientre de sus madres y en el que la familia, iglesia doméstica, está sumida en una crisis gravísima, dedicar un año de manera especial a la ecología me parece una forma de engañarnos.

Dicho esto, lo hablaré con Rafaela a ver qué se puede hacer.

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