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La increíble historia de Audrey: Resucita tras un paro cardíaco de seis horas

La increíble historia de Audrey: Resucita tras un paro cardíaco de seis horas

Los bomberos de la Generalitat de Cataluña, el SEM y el Vall d’Hebron salvan la vida de una mujer con hipotermia que se perdió en la montaña


Audrey ( en el centro) recibe las explicaciones de cómo salvaron su vida

Montse Espanyol

Última actualización:05-12-2019 | 16:05 H/

Creada:05-12-2019

El mito de Walt Disney congelado a la espera de hallar la fórmula de la vida eterna, (mito, porque está enterrado en el Forest Lawn Memorial Park de Los Ángels), ha dado vida a muchos guiones de cine. Woody Allen, en «El Dormilón»; Mel Gibson, en «Eternamente joven» o el mismísimo Capitán America, el primero de los vengadores, fueron reanimados tras pasar años congelados. Pero todos ellos son personajes de ciencia ficción. Audrey Maw no. Audrey tiene 34 años y resucitó después de tener seis horas el corazón parado. ¿Cómo? Gracias al frío. «La misma causa que paró su corazón, la salvó», resume el doctor Eduard Argudo, miembro del equipo de Medicina Intensiva del Hospital Vall d’Hebron.

Audrey no tiene secuelas, «sólo me falta recuperar la sensibilidad y la movilidad en las manos», contó ayer ella misma en una emotiva rueda de prensa en la que se reencontró con el equipo que la rescató. Esta es su historia.

Adrey nació en Inglaterra, pero a los diez años se trasladó con su familia a Sudáfrica. Allí conoció a su marido, Rohan Schoeman. Hace dos años vinieron a Barcelona, donde dan clases de inglés. «Me encanta vivir en Barcelona y me encanta la montaña», explica. La primera vez que estuvo en el Himalaya tenía 18 años.

Para el puente de la castañada, Rohan y Audrey fueron con unos amigos a los Pirineos de Girona, a la Vall de Núria. El domingo 3 de noviembre, a las 7.15, salieron del refugio de Coma de Vaca, a 2.000 metros de altitud, decididos a hacer una excursión. «Hacía frío, pero las montañas estaban despejadas», cuenta Rohan, porque Audrey no se acuerda nada de aquel día.

Cuando llevaban un rato caminando, se vieron sorprendido por un temporal de torb, un fenómeno propio de la zona. Cuando hay torb puede parecer que el cielo está despejado, el viento levanta la nieve del suelo, la temperatura baja hasta los -15ºC, pero la sensación puede llegar a ser de -30ºC. Apenas se ve más allá del medio metro debido a la corriente y los golpes de nieve.

«Nos agazapamos bajo una roca para protegernos. Allí esperamos unas dos o tres horas, hasta que dejó de nevar. Pero el viento seguía soplando muy fuerte. Gateamos sobre la nieve para emprender el regreso a Núria, pero Audrey empezó a decir cosas extrañas, dejó de moverse y quedó inconsciente. Le busqué el pulso y no se lo encontré», rememora Rohan emocionado, que ya había alertado a sus amigos de la situación.

A las 13.36, sus amigos, avisaron a los Bomberos de la Generalitat y arranca un dispositivo perfectamente engrasado en el que participan tres cuerpos, los bomberos, los Servicios de Emergencias Médicas (SEM) y el Hospital Vall d’Hebron, cuatro ambulancias, tres helicópteros y una cuarentena de personas que trabajaron con una coordinación admirable. «Una persona sola no hubiera salvado a Audrey, el trabajo en equipo fue vital», constata el director del SEM, Antoni Encinas. En este punto de la historia, Chus Cabañas, el coordinador territorial del SEM en la Cataluña Central, y Pere Serral, miembro de la unidad GRAE (Grupo de Actuaciones Especiales) de los Bomberos, relevan a Rohan con el relato.

«A las 13.36 horas llega la primera alerta y arranca el dispositivo de búsqueda», cuenta Cabañas. Envían a la unidad más cercana (Ripoll y Ribes de Fresser) a la zona del camino de los Enginyers. Vía teléfono, los bomberos hablan con Rohan para saber dónde están y le dicen que haga friegas a Audrey. Rohan les envía fotos de la zona y los bomberos, que conocen bien el terreno, descubren que no están en el punto que el GPS dice por whatsapp, en la zona de Fontalba.

El GPS falla

«En línea recta no están lejos del punto que señala el geolocalizador, pero sobre terreno, hay un valle entre medio», cuenta Serral «El Puigmal nos sirve de referencia», matiza. Una hora después del primer aviso, a las 14.38 horas, activan un helicóptero. Hace mal tiempo, pero logran despegar. Llegan a la zona a las 15.05 y 20 minutos después localizan a la pareja. Rohan está en shock, cree que Audrey está muerta. «Está rígida y tras una primera exporación no le encontramos ningún signo de vida», explica Serral. De todos modos, empiezan las maniobras de reanimación. No se da por fallecida a una persona hasta que recupera la temperatura corporal de 37 grados. Audrey estaba a 18 grados. «Esto es una hipotermia en grado cuatro. A esta temperatura el cerebro puede tolerar un paro cardíaco hasta seis horas, diez veces más que a 37 grados. Pero hay que ir con cuidado porque cualquier movimiento brusco puede provocar un fallo cardíaco irreversible», explica Cabañas.

Los equipos de emergencia no dejan de hacer masaje cardíaco

El helicóptero trasladó a Audrey a Campdevànol, donde se conecta a una máquina que le practica las maniobras de reanimación de manera ininterrumpida. «Esta es una pieza clave del dispositivo», la otra es el empeño de unos profesionales que no quisieron tirar la toalla y el ECMO, una máquina nueva del Vall d’Hebron que devuelve el oxígeno a la sangre y la temperatura corporal al paciente.

Pero el helicóptero que tenían en Campdevànol (Girona) no podía llegar al hospital que está en Barcelona. Necesitaban el helicóptero nocturno del SEM, que no hace ni tres meses que funciona. En Vic, cambiaron a la paciente al helicóptero nocturno. Y a las 17.44 horas, Audrey llegaba al Vall d’Hebron.

“Volveré a las montañas”

En Barcelona, le esperaba el equipo del doctor Argudo. «Estaba a 20,2 grados, azulada, no tenía pulso ni actividad eléctrica en el corazón», cuenta Argudo. «Parecía muerta, pero como tenía hipotermia, la llevamos al quirófano para colocarle las cánulas de la máquina ECMO, que hace las funciones del corazón y los pulmones. Extrae la sangre de la paciente, la oxigena, la calienta y la devuelve al organismo. La sangre sale oscura y vuelve roja, gracias al oxígeno. Fuimos aumentando la temperatura poco a poco. Tenía un fallo multiorgánico, los pulmones, los riñones y el corazón no respondíán, también tenía el esternón y costillas fracturadas de los masajes cardíacos, pero eso era lo de menos», recuerda el doctor. «Cuando llegamos a 30 grados, le dimos una descarga eléctrica y su corazón volvió a bombear. Eran las 21.46 horas», dice. Audrey resucitó tras haber tenido seis horas el corazón parado.

Rohan había bajado en tren con sus amigos y había avisado a los padres de Audrey que cogieron un avión desde Burdeos. Cuando llegaron al hospital, «a medianoche», explica Julie, su madre, los médicos aún no cantaban victoria. «Lo que más miedo nos daba es que hubiera alguna lesión cerebral», dice Graham, su padre. Pero cuando le retiramos la sedación, Audrey habló. «No recordaba nada», admite la propia Audrey. Estuvo seis días en la UCI y seis días más en planta. Salió del hospital por su pie, hace unos días. Hoy ha vuelto para abrazarse con el equipo que la salvó. «Estoy muy emocionada al ver a tanta gente movilizada. Volveré a la montaña, aunque este año sólo iré al Tibidabo”, bromea mientras mira a su doctor.

“El caso de Audrey es excepcional”, admite Argudo, “y nos hace plantearnos un nuevo protocolo de actuación en caso de hipotermia”.

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