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Una aportación española en el 105 Aniversario del Genocidio Armenio

Una aportación española en el 105 Aniversario del Genocidio Armenio
Domingo, 24 de Mayo de 2020

Armenia es una gran desconocida para la generalidad de los españoles; al igual que la poliédrica y bimilenaria Cristiandad oriental que, pese a tantas y crueles arremetidas de la Historia, sobrevive a duras penas, y casi al borde de la extinción, en el solar primigenio del cristianismo. Una circunstancia que difiere, y no poco, con el interés existente en otros países de tradición católica de nuestro entorno, caso de Francia. Ciertamente, su presencia histórica en Próximo Oriente y su rol como Protector en Siria y Líbano, así como la prestigiosa labor de las órdenes religiosas católicas francesas en la enseñanza de aquellos países, Egipto, Turquía y otros del área, explica en buena parte esta circunstancia; a lo que coadyuva la existencia de pequeñas y conscientes comunidades en suelo francés de diversos ritos y obediencias eclesiales: maronitas, católicos-caldeos, latinos, greco-ortodoxos, melquitas, asirios, Iglesias apostólicas…

Fruto de tan estrecha confluencia es la potente labor de investigación y divulgación de la Historia y realidad de los cristianos orientales entre los católicos de habla francesa de todo el mundo; así como de su ya veterano compromiso con el destino de estos cristianos de acento arameo, siríaco, griego, copto, árabe, amárico y armenio.

Armenia fue cristiana antes que Roma. Su rica historia, que puede rastrearse desde el milenio anterior, se prolonga agónicamente hasta hoy mismo; particularmente en la defensa decidida, asumida unánimemente por todos los armenios del mundo, del enclave de Nagorno Karabaj.

Su existencia ha sido todo menos pacífica y tranquila, pese al espíritu apacible de sus gentes; no en vano, poderosos vecinos han pretendido dominarla y sojuzgarla: persas, mogoles, árabes, rusos y turcos. De hecho, la actual Armenia apenas es un rincón del que fuera un enorme territorio en el que la presencia de este pueblo, si no mayoritaria, caracterizó, con su particular arquitectura y sus vivaces comunidades, su fisonomía.

Consecuentemente a la citada idiosincrasia francesa, perviven en el país vecino consolidadas iniciativas orientadas al sostenimiento de aquellas encogidas comunidades cristianas, a las que acompañan numerosas obras culturales: editoriales especializadas, diversas colecciones de libros, revistas de historia que periódicamente dedican potentes monográficos a los acontecimientos vividos por aquellas comunidades en el campo de minas en que se ha convertido el entorno geopolítico en el que se siguen desenvolviendo.

También en España han florecido algunas iniciativas análogas, si bien más modestas, pero no por ello menos meritorias. Recordemos aquí al Centro Cultural Nuevo Inicio y al Centro Internacional para el Estudio del Oriente Cristiano, ambos creación del Arzobispado de Granada. Por su parte, la ONG inequívocamente católica, Ayuda a la Iglesia Necesitada, con sus campañas de apoyo a los cristianos orientales, boletines y exposiciones, ha contribuido sobremanera al acercamiento de muchos católicos españoles de base a la realidad y sufrimientos de aquellas mermadas comunidades hermanas. Traigamos a colación, igualmente, los formidables vídeo-documentales elaborados por el periodista español Fernando De Haro centrados en los cristianos sirios, iraquíes, egipcios e indios.

No podemos olvidar la labor del periodista español, ya desaparecido, José Antonio Gurriarán, quien fuera víctima accidental de un atentado en Madrid por parte del ASALA, lo que le llevó a la búsqueda de sus autores en Líbano y de ahí, a caer fascinado por Armenia y sus gentes; frutos escogidos de aquella peripecia fueron sus libros, imprescindibles todavía hoy, La Bomba (Planeta, 1982) y Armenios. El genocidio olvidado (Espasa, 2008).

Por último, señalemos la llegada a España de varias pequeñas oleadas de emigrantes de origen armenio (tanto desde Argentina, primero, como desde la Armenia pos-soviética, después) particularmente instalados en Cataluña, La Rioja, Andalucía y Levante, quienes han generado un tejido asociativo, con el que ha coadyuvado la Embajada de la República de Armenia en Madrid; lo que ha facilitado la difusión entre más españoles la vida armenia y el apoyo intercomunitario de estos nuevos conciudadanos. Ya en 2010, se inauguró en Calonge la primera iglesia armenia ortodoxa en España. Destacaremos, en la actualidad, al Colegio Armenio de Mislata (Valencia), obra de la Asociación Ararat, la Asociación Cultural Armenia de Barcelona, etc.

Otras diversas iniciativas, si bien nunca avaladas por los grandes medios de comunicación españoles, han sido impulsadas a título individual; es el caso de las propiciadas por el periodista Arthur Ghukasian, quien, entre otras, dirigió en 2016 el libro colectivo Cien años del Genocidio armenio: un siglo de silencio (Amazon).

En cierto modo, en esta estela de difusión de otras realidades planetarias del cristianismo, y concretamente en su dimensión martirial, quien fuera portavoz de la Conferencia Episcopal Española, Juan Antonio Martínez Camino, viene impulsando, entre otras iniciativas, la Colección Mártires del Siglo XX que, con la colaboración en algún caso del Instituto de Estudios Históricos de la Universidad San Pablo-CEU de Madrid, viene presentando al público de habla española la prestigiosa y constante empresa cultural de Ediciones Encuentro.

Ha correspondido al navarro José Luis Orella Martínez, profesor titular de Historia Contemporánea en aquella universidad madrileña, el mérito y honor de escribir un oportuno texto (*), cuarto de la citada colección, en el que bien introduce al lector en los torrentes del mundo armenio. Y no se trata de una empresa sencilla: por la riqueza, extensión y complejidad de aquella historia, lo que requiere de todo escritor un enorme esfuerzo de síntesis y didáctico, como por la escasez de materiales en lengua española (con la excepción argentina); más en lo que se refiere a la trágica epopeya sufrida por el pueblo armenio hace 105 años. Y es que no podemos olvidar que el armenio fue víctima indefensa del primer genocidio moderno, perpetrado por los Jóvenes Turcos, en el contexto dramático de la Primera Guerra Mundial; acaso presagiado por los pogromos y masacres sufridas por las comunidades armenias, bajo autoridad de la Sublime Puerta, a finales del siglo XIX.

José Luis Orella esboza, con trazo cálido, directo y vigoroso, un retrato apasionante del pueblo armenio, su historia, lengua, religiosidad, y marcada capacidad de iniciativa y modernización; a la par de su voluntad de supervivencia que se refleja en la importancia que siempre ha otorgado a la cultura propia y a la educación en la misma de las nuevas generaciones. Una trepidante historia que confluye en la figura del que fuera obispo de Mardin, el Beato Ignacio Maloyan; pastor culto, piadoso, dialogante con todos, preocupado por la suerte de sus fieles a los que acompañó en el martirio. Al lector le sabrán a poco, seguramente, las páginas de este volumen expresamente dedicados a su historia personal; pues lo dibuja próximo, entrañable, contemporáneo y muy real. Y no le resultará difícil empatizar con el beato y su grey –minoría en la minoría- por medio de esas páginas capaces de transmitir poderosas imágenes de un pasado que parecía, pese a su riqueza, abocado a la extinción y un olvido total.

Otro mérito del autor es introducir al lector en el genocidio simultáneo que sufrieron las demás comunidades cristianas arraigadas en aquellos territorios, centurias antes de la llegada de musulmanes y turcos; particularmente el de la Iglesia asiria, más desconocido, si cabe, que el propio genocidio armenio, para los católicos españoles.

Es de agradecer, y merecedor de su conocimiento y difusión, este esfuerzo editorial conjunto, concretado en la visión que nos ofrece José Luis Orella, de una Historia que no podemos olvidar y a la que todavía no se le ha hecho necesaria justicia ante la resistencia pertinaz e incívica del nacionalismo panturquista.

(*) El beato Ignacio Maloyan en el Gólgota de los armenios. José Luis Orella Martínez, Ediciones Encuentro, 146 páginas, Madrid, 2020.
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