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El Paso de los Pirineos en el otoño de 1937

Con este vídeo puedes seguir la aventura de san Josemaría Escrivá de Balaguer cruzando los Pirineos en su camino de evasión hacia Andorra en el otoño de 1937.


Me parece necesario un comentario final porque, razonablemente, algún lector se dirá: muy bien todo eso, pero ¿qué puedo sacar yo de semejante experiencia que no tendré jamás y que, además, no …More
El Paso de los Pirineos en el otoño de 1937

Con este vídeo puedes seguir la aventura de san Josemaría Escrivá de Balaguer cruzando los Pirineos en su camino de evasión hacia Andorra en el otoño de 1937.


Me parece necesario un comentario final porque, razonablemente, algún lector se dirá: muy bien todo eso, pero ¿qué puedo sacar yo de semejante experiencia que no tendré jamás y que, además, no me concierne personalmente? Así puede ser ciertamente, pero conviene advertir que todo creyente si vive de fe, sabe que le precede una historia personal -en cuanto singular hijo de Dios-, y también comunitaria, en cuanto miembro de la Iglesia. Y por esas dos vertientes ha recibido bienes del Cielo: “rosas” pequeñas y ordinarias que apenas se echan de ver y tantas veces reconocemos venidas de lo alto, cuando ante el resultado positivo de gestiones y cosas que nos agobiaban y han salido adelante, decimos con alegría: “¡Gracias a Dios!”. Sería como una versión diminuta y pequeña del suceso de Rialp. Y en cuanto miembro de la Iglesia, todos y cada uno hemos recibido el “Regalo supremo”: el Dios-hombre, Cristo Jesús, porque “tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito (Jn 3, 16). Por la fe, sabemos que la mano de Dios siempre está presente.

En síntesis: el creyente no vive “de recuerdos”, sin más, sino de ver la huella de Dios y de agradecer una y mil veces el paso divino en su propia vida.