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Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión

Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión

Luis Fernando, el 24.06.17 a las 9:53 PM
Segunda lectura en la Solemnidad de la Natividad de San Juan Bautista

Pablo decía:
Lo depuso (al rey Saúl) y les suscitó como rey a David, en favor del cual dio testimonio, diciendo: Encontré a David, hijo de Jesé, hombre conforme a mi corazón, que cumplirá todos mis preceptos.
Según lo prometido, Dios sacó de su descendencia un salvador para Israel: Jesús. Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión antes de que llegara Jesús; y, cuando Juan estaba para concluir el curso de su vida, decía: “Yo no soy quien pensáis, pero, mirad, viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias de los pies”.
Hermanos, hijos del linaje de Abrahán y todos vosotros los que teméis a Dios: A nosotros se nos ha enviado esta palabra de salvación.
Hch 13,22-26

San Juan Bautista es el mayor profeta de la historia de Israel y aun así no merecía desatar las sandalias de los pies de Cristo. Y es que el siervo no puede ser mayor que su Señor.

La predicación de san Juan iba encaminada a la conversión de los corazones. Así preparaba el camino a Cristo, quien empezó su ministerio haciendo igualmente un llamamiento a la conversión:

Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos».
Mt 4,17

Y esa llamada a la conversión está igualmente presente en la primera predicación de la Iglesia:

Al oír esto, se les traspasó el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles: ¿Qué tenemos que hacer, hermanos?
Pedro les contestó: «Convertíos y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesús, el Mesías, para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos, y para los que están lejos, para cuantos llamare a sí el Señor Dios nuestro».
Hch 2,37-39

Habremos de convenir, pues, que la conversión es condición indispensable para la salvación. Y sabiendo que la conversión solo nos la puede conceder Dios, debemos rezar junto con el profeta Jeremías:

Conviértenos a Ti, Señor, y nos convertiremos.
Lam 5,21a

Amén.

Luis Fernando