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La eco-encíclica Laudato Si’

La eco-encíclica Laudato Si’ - Miles Christi - 07/04/2017.
Francisco invita a la humanidad a efectuar una « conversión ecológica »

Tiempo atrás tuvimos la oportunidad de dar una mirada retrospectiva a la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia, con motivo de su primer aniversario [1]. En esta ocasión, nuestra atención estará dirigida hacia la Carta Encíclica Laudato Si’ [2], promulgada a fines de mayo de 2015, la cual versa sobre el « cuidado de la casa común ».

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Echemos pues un vistazo a este manifiesto ecológico en el que Francisco hace suya una doble impostura científica: la del calentamiento global y la de su presunta causalidad humana. El documento se basa, por tanto, en datos científicamente muy discutibles y de hecho muy discutidos, lo que le quita radicalmente su razón de ser. Si a esto agregamos el hecho de que los debates de orden científico no entran en la órbita del magisterio, el caracter absurdo de este texto pretendidamente magisterial resulta patente.

Cito seguidamente dos párrafos que ilustran acabadamente el despropósito bergogliano que consiste en hacer de la ecología un elemento esencial del cristianismo y poco menos que la quintaesencia del Evangelio:

« Hago una invitación urgente a un nuevo diálogo sobre el modo como estamos construyendo el futuro del planeta. Necesitamos una conversación que nos una a todos, porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan y nos impactan a todos. […] Necesitamos una solidaridad universal nueva. » § 14

« Si los desiertos exteriores se multiplican en el mundo porque se han extendido los desiertos interiores, la crisis ecológica es un llamado a una profunda conversión interior. Pero también tenemos que reconocer que algunos cristianos […] suelen burlarse de las preocupaciones por el medio ambiente. Otros son pasivos, no se deciden a cambiar sus hábitos y se vuelven incoherentes. Les hace falta entonces una conversión ecológica […] Vivir la vocación de ser protectores de la obra de Dios es parte esencial de una existencia virtuosa, no consiste en algo opcional ni en un aspecto secundario de la experiencia cristiana. » § 217

Así pues, según Francisco, estaríamos llamados a efectuar una « conversión ecológica » [3]. Es así que llegaremos a construir el « futuro del planeta », trabajando juntos con quienes forman parte de nuestra « humanidad común », a los efectos de establecer una « solidaridad universal nueva ». Y Francisco no vacila en hacer de esta parodia grotesca de la conversión cristiana un elemento esencial del Evangelio. Confieso que cuando llego a hacer abstracción del aspecto trágico de la situación, no puedo dejar de encontrar este discurso en extremo cómico, impregnado de un matiz de humor surrealista al cual no soy del todo insensible...

Ya que todo aquí es de un ridículo sin nombre, ¿por qué privarse de citar la autoridad de un « Patriarca » cismático, para el caso Bartolomé, el de Constantinopla, primero de la serie, al igual que su homólogo porteño, apóstol celoso del ecumenismo y del diálogo interreligioso, partidario ferviente del ingreso de Turquía a la Unión Europea y capaz de considerar la causa de la defensa del medioambiente como parte de su misión religiosa. Escuchemos a Francisco:

« El Patriarca Bartolomé se ha referido particularmente a la necesidad de que cada uno se arrepienta de sus propias maneras de dañar el planeta, porque, ‘‘en la medida en que todos generamos pequeños daños ecológicos’’, estamos llamados a reconocer ‘‘nuestra contribución -pequeña o grande- a la desfiguración y destrucción de la creación’’. Sobre este punto él se ha expresado repetidamente de una manera firme y estimulante, invitándonos a reconocer los pecados contra la creación: ‘‘Que los seres humanos destruyan la diversidad biológica en la creación divina; que los seres humanos degraden la integridad de la tierra y contribuyan al cambio climático, desnudando la tierra de sus bosques naturales o destruyendo sus zonas húmedas; que los seres humanos contaminen las aguas, el suelo, el aire. Todos estos son pecados’’. Porque ‘‘un crimen contra la naturaleza es un crimen contra nosotros mismos y un pecado contra Dios’’. » § 8

Realmente desopilante. Gracias, « Papa » Francisco; gracias, « Patriarca » Bartolomé, por este gran momento de humor. De veras resulta benéfico poder relajarse un poco gracias a sus extravagancias ecológicas. Confieso haber soltado largas carcajadas en varias ocasiones a causa de la lectura de buen número de párrafos de esta improbable « eco-encíclica ». Pero éste, sin lugar a dudas, se ha llevado la palma…

Supongo que no me reprocharán si aprovecho la ocasión para leerles, con el fin de hacer durar el placer un poco más, el principio del discurso pronunciado por Bartolomé en la Cumbre de las Conciencias [4] (les doy mi palabra: ¡no es un invento mío!) que se desarrolló en París en julio de 2015, reuniendo a más de cuarenta personalidades morales y religiosas del mundo entero para responder a la cuestión ¿Por qué me importa el clima? y para lanzar un mancomunado Llamado a las conciencias por el clima, cuatro meses antes de la reunión de la COP21 (Conferencia sobre el clima) en París, organizada por la ONU.

« […] ‘‘Querido Nicolas Hulot, delegado especial del presidente de la República para la protección del planeta, Eminencias, Damas y Caballeros representates de los diferentes cultos: En un vibrante llamado lanzado desde Manila, junto con las autoridades francesas y filipinas, en febrero de 2015, todos nosotros éramos convocados para obrar en beneficio del clima, de manera individual y colectiva. Hoy más que nunca recordamos la urgencia de una justicia global, de la solidaridad financiera y tecnológica mundial.’’ El llamado concluía de este modo: ‘‘Invitamos […] a todos los actores, los Estados […] y los ciudadanos a desempeñar plenamente su papel en la lucha contra el cambio climático, en particular, contra sus efectos y la reducción de los riesgos de catástrofes naturales relacionadas con el clima, a través de esfuerzos individuales o de acciones mancomunadas’’. [5] »

Y hacia el final llega el trozo escogido, que vale su peso en oro. Aviso importante a la atención de los cardíacos: a los efectos de evitar posibles trastornos, tengan a bien desternillarse con moderación…

« Por convertir, entendemos la conversión del ser interior como punto de partida de una conversión exterior. Los científicos señalan incansablemente la necesidad de un cambio radical de nuestro estilo de vida para limitar las acciones contaminantes que intervienen en los cambios climáticos. Se trata de una realidad que el cristianismo llama metanoia, una transformación radical del ser. Fiel a la tradición de los Padres del Desierto, quienes en su espiritualidad forjaron a través de los siglos una mirada adecuada sobre la humanidad, el cristianismo anima a que se cuestione sin cesar la necesidad de nuestras necesidades, a los efectos de discernir lo que atañe a la codicia y lo que se refiere al bien. La ética y la moral no están lejos y deben favorecer el surgimiento de los derechos de la tierra misma. »

De la metanoia cristiana a la conversión ecológica, apoyándose en los Padres del desierto y pasando por la emergencia de los « derechos de la tierra » (!!!) no habría sino un paso, se nos asegura sin ánimo de bromas. Dos tremendos falsos profetas, Bartolomé y Francisco, ¿no les parece? Como dice el proverbio: « Dios los cría y ellos se juntan ». Parecería ser que « proteger el planeta » y « luchar contra el cambio climático » constituyen las nuevas causas del cristiano, su razón de ser más profunda, la novedosa receta bergogliana para alcanzar la salvación. A decir verdad, si yo me encontrase en el lugar de Francisco y de Bartolomé, no estaría del todo tranquilo con mi conciencia y no habría metanoia medioambiental alguna susceptible de apaciguarla...

Volviendo a Laudato Si’, en otro pasaje de esta extravagante pieza magisterial, Francisco entona loas a La Carta de la Tierra, documento eco-mundialista de iniciativa onusina lanzado en el 2000 y devenido en nuestros días una referencia jurídica internacional moralmente vinculante para los gobiernos, a la espera de que se vuelva vinculante igualmente en la esfera política. Dicho manifiesto mundialista es un reciclado iluminista a la moda del hombre occidental post-moderno alienado de sus raíces cristianas, un producto acabado del globalismo igualitario de inspiración nuevaeriana, una mezcla altamente tóxica de socialismo, panteísmo, laicismo y feminismo, es decir, un instrumento del todo corrosivo, situado en la línea de las diferentes declaraciones de los Derechos Humanos. Leamos lo que dice Francisco:

« La Carta de la Tierra nos invitaba a todos a dejar atrás una etapa de autodestrucción y a comenzar de nuevo, pero todavía no hemos desarrollado una conciencia universal que lo haga posible. Por eso me atrevo a proponer nuevamente aquel precioso desafío: ‘‘Como nunca antes en la historia, el destino común nos hace un llamado a buscar un nuevo comienzo […] Que el nuestro sea un tiempo que se recuerde por el despertar de una nueva reverencia ante la vida; por la firme resolución de alcanzar la sostenibilidad; por el aceleramiento en la lucha por la justicia y la paz y por la alegre celebración de la vida” [6]. » § 207

« Un llamado a buscar un nuevo comienzo »: nuevo comienzo, quizás, pero para una humanidad sin Dios y espiritualmente a la deriva, « nuevo comienzo » que recuerda utopías que, como las de 1789 y 1917, se propusieron construir un « hombre nuevo » autosuficiente en oposición a Jesucristo y a su Iglesia. « El despertar de una nueva reverencia ante la vida »: habría que decir, más bien, exaltación de la vida biológica, entendida en un sentido puramente naturalista, concebida desde la inmanencia y la horizontalidad de una humanidad que ha perdido toda noción de la vida sobrenatural y que se ha vuelto refractaria a la verdad revelada.

Nos hallamos ante un grotesco sucedáneo del Evangelio, ante un « evangelio iluminista » cuya función es la de acelerar el advenimiento del Nuevo Orden Mundial, suministrando el soporte ideológico que asegurará su cohesión. Este NOM pretenderá garantizar la « justicia » y la « paz » a una humanidad que ha dado definitivamente la espalda a su adorable Redentor y que ha caído por completo en las redes del Padre de la Mentira, de quien Francisco es incontestablemente un solícito servidor y su más insigne representante.

He aquí tres cortos extractos de este documento mundialista del cual Francisco se hace el campeón en su encíclica:

« La humanidad es parte de un vasto universo evolutivo. La Tierra, nuestro hogar, está viva con una comunidad singular de vida. Las fuerzas de la naturaleza promueven a que la existencia sea una aventura exigente e incierta, pero la Tierra ha brindado las condiciones esenciales para la evolución de la vida. »

« Eliminar la discriminación en todas sus formas, tales como aquellas basadas en la raza, el color, el género, la orientación sexual, la religión, el idioma y el origen nacional, étnico o social. Afirmar el derecho de los pueblos indígenas a su espiritualidad, conocimientos, tierras y recursos y a sus prácticas vinculadas a un modo de vida sostenible. »

« Con el objeto de construir una comunidad global sostenible, las naciones del mundo deben renovar su compromiso con las Naciones Unidas, cumplir con sus obligaciones bajo los acuerdos internacionales existentes y apoyar la implementación de los principios de la Carta de la Tierra, por medio de un instrumento internacional legalmente vinculante sobre medio ambiente y desarrollo. »


Éstos son, pues, los objetivos previstos por La Carta de la Tierra, coincidentes con los de la « eco-encíclica » Laudato Si’: en primer lugar, la instauración de un gobierno mundial encargado de hacer aplicar a escala mundial las medidas requeridas para « salvar el planeta » del « cambio climático » y, en segundo lugar, la continuación de la adulteración del cristianismo desde su interior, a los efectos de integrarlo, con el correr del tiempo, a las otras « nobles tradiciones religiosas », con el fin de constituir una religión universal, parodia monstruosa del catolicismo, cuyo rol será el de avalar moralmente el Nuevo Orden Mundial anticrístico. Lo que persigue Francisco, trabajando de la mano con las Naciones Unidas, no es otra cosa que el establecimiento del mundialismo político y religioso con vistas al advenimiento del Hombre de Pecado.

Francisco volvió a tocar el tema en su video con las intenciones de oración para el mes de febrero de 2016. Éstas son sus palabras:

« La relación entre la pobreza y la fragilidad del planeta requiere otro modo de ejercer la economía y el progreso concibiendo un nuevo estilo de vida. Porque necesitamos una conversión que nos una a todos: liberarnos de la esclavitud del consumismo. Y este mes, te hago una petición especial: que cuidemos de la creación recibida como un dón que hay que cultivar y proteger para las generaciones futuras. Cuidar la Casa Común [7]. »

Y reincidió con su tweet del 8 de junio del mismo año, que reza así:

« ¡Protejamos los océanos, que son bienes comunes globales, esenciales por el agua y la variedad de seres vivientes! [8] »

De no ser trágicas, semejantes propuestas serían para morirse de risa, a tal punto son absurdas: tenemos, por un lado, a la sociedad contemporánea que rechaza en masa a Dios y a la Iglesia, se abandona a todo tipo de aberraciones que claman venganza al Cielo (aborto, pornografía, « matrimonio » homosexual, eutanasia, etc.), y por el otro, al supuesto Vicario de Cristo que, desentendiéndose totalmente de ellas, no encuentra mejor idea que la de abogar por la protección de los océanos y proponer una « conversión ecológica » a escala planetaria. Encuentren el error…

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[1] wordpress.com/2017/03/amoris-laetitia-espancc83ol.pdf

[2] Laudato si' (24 de mayo de 2015) | Francisco

[3] En su mensaje para la Jornada mundial de oración por el cuidado de la creación Francisco nos da algunos ejemplos sobre esta « conversión ecológica » : « El examen de conciencia, el arrepentimiento y la confesión al Padre rico de misericordia, nos conducen a un firme propósito de cambio de vida [!!!]. Y esto debe traducirse en actitudes y comportamientos concretos más respetuosos con la creación, como, por ejemplo, hacer un uso prudente del plástico y del papel, no desperdiciar el agua, la comida y la energía eléctrica, diferenciar los residuos, tratar con cuidado a los otros seres vivos, utilizar el transporte público y compartir el mismo vehículo entre varias personas, entre otras cosas [!!!] (cf. Laudato si’, 211). No debemos pensar que estos esfuerzos sean demasiado pequeños para mejorar el mundo. Estas acciones ‘‘provocan en el seno de esta tierra un bien que siempre tiende a difundirse, a veces invisiblemente’’ (ibíd., 212) y refuerzan ‘‘un estilo de vida profético y contemplativo, capaz de gozar profundamente sin obsesionarse por el consumo’’ (ibíd., 222). » Mensaje del Santo Padre para la Jornada mundial de oración por el cuidado de la creación (1 de septiembre de 2016) | Francisco

[4] « Nuestro deseo en la oración es que los gobiernos se comprometan con la COP21 como lo hacemos aquí”, señaló el cardenal Turkson, presidente del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz y uno de los asesores de la encíclica Laudato Si, sobre cambio climático y otros temas ambientales, publicada por el papa Francisco en junio. Bajo el lema “Por qué me importa”, la Cumbre de las Conciencias reunió a participantes del todo el mundo y a representantes de las principales religiones, budismo, cristianismo, hiduismo, islam y judaísmo, así como a otras confesiones y movimientos. […] La cumbre sirvió para subrayar el “Llamado a la conciencia para el clima” y a lanzar una nueva organización “Fe verde en acción”, que procura generar conciencia sobre cuestiones ambientales y de desarrollo sostenible entre los fieles de distintas religiones. […] Paralelamente, se desarrollaba otra conferencia climática, y esta vez en el Vaticano, donde los alcaldes de unas 60 ciudades se reunían con el papa Francisco para redactar un llamado a reducir las emisiones contaminantes. » Líderes religiosos realizan “llamado a la conciencia” climática

[5] « Soyez les porte-voix de cet appel des consciences pour le climat »

[6] La Carta de la Tierra, La Haya (29/06/2000): cartadelatierra.org/descubra/la-carta-de-la-tierra/

[7] thepopevideo.org/es/video/el-respeto-la-creación.html

[8] Papa Francisco on Twitter
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