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CHISPAS DE LUZ – DÍA 18 DE ENERO

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AUSENTES Según antiguas escrituras tibetanas, Dios viene muchas veces a visitarnos a cada uno de nosotros; pero se tiene que marchar, porque sencillamente no nos encuentra. No estamos en casa. Es …More
AUSENTES
Según antiguas escrituras tibetanas, Dios viene muchas veces a visitarnos a cada uno de nosotros; pero se tiene que marchar, porque sencillamente no nos encuentra. No estamos en casa. Es decir, no estamos donde estamos. Estamos presentes corporalmente, físicamente sí; pero nuestra mente, nuestra conciencia, nuestro espíritu están lejos.
Dios llama a la puerta, pero no hay nadie en casa. Nadie contesta. Se pone ante nuestros ojos, pero no le vemos. Habla en nuestro interior, pero no le escuchamos. Sencillamente, no estamos en casa.
Estamos ausentes de nosotros mismos. Eso nos convierte en autómatas. Esa es nuestra gran dolencia. No estamos en contacto, no somos conscientes. No estamos donde estamos y por eso, ni nos encontramos, ni nos encuentran.
Un budista le preguntó, en una ocasión, al maestro Rajneesh: ¿No nos hemos encontrado en alguna vida pasada? Y este le contestó rápidamente: ¿Cómo será eso posible, si ni siquiera nos hemos encontrado en esta?
No se había producido encuentro. Había sí, dos seres humanos, uno en frente del otro; pero no se había producido contacto, no había surgido una relación, no había nada más que una presencia física.
Una visita de cortesía no es un encuentro de conciencias. Un apretón de manos puede ser un mero frotar de piel. Y, con frecuencia, estamos fuera de nuestra piel.
Amigo/a: En este momento, ¿estás en ti mismo? ¿Eres consciente de lo que eres, haces, vives? Dios no nos encuentra porque nosotros no nos hemos encontrado a nosotros mismos. La oración, la contemplación nos permiten estar en casa cuando Dios llama.