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Venerable Mari Carmen González-Valerio y Sáenz de Heredia

Irapuato
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elrosariodelas11pm María del Carmen González Valerio y Sáenz de Heredia, tenía sólo 6 años cuando perdió a su padre, asesinado en la Guerra Civil. Desde entonces, empezó a rezar por la conversión …More
elrosariodelas11pm María del Carmen González Valerio y Sáenz de Heredia, tenía sólo 6 años cuando perdió a su padre, asesinado en la Guerra Civil. Desde entonces, empezó a rezar por la conversión de los asesinos de su padre y entregó su vida a Dios. Murió a los 9 años y ofreció sus dolores por la conversión de Manuel Azaña. El presidente republicano se convirtió antes de morir, según el obispo que estuvo a su lado.

Quema de conventos e iglesias, asesinatos de sacerdotes y persecución a los cristianos son, a pesar de lo que algunos digan, pequeñas muestras de lo que se vivió durante la Segunda República y de lo que constituyó una de las etapas más trágicas de la historia de nuestro país.

Mientras en la calle se vivía una tensión extrema, en 1930, en una casa humilde de Madrid, nacía María del Carmen González Valerio y Sáenz de Heredia, la segunda de cinco hermanos. Hoy, esta niña de nueve años es Venerable por decisión de Juan Pablo II y se encuentra en proceso de beatificación a causa de sus virtudes heroicas.

No todo fueron alegrías en la vida de esta pequeña porque desde temprana edad tuvo problemas de salud, lo que provocó que, gravemente enferma, fuera bautizada de urgencia con el nombre de María del Carmen del Sagrado Corazón.

Gracias a monseñor Tedeschini, Nuncio en España en aquella época y amigo de la familia, Mari Carmen recibió la confirmación a los dos años, como ocurría con algunos niños muy pequeños. Desde su infancia, Mari Carmen se mostró muy generosa. En cierta ocasión, un mendigo llamó a la puerta de su casa. La niña le abrió la puerta, le dio todo el dinero que tenía y le dijo: “Ahora llame otra vez para que mamá le dé algo”.

La pequeña sabía que su madre daba la ropa usada a los pobres, por lo que en diversas ocasiones le dijo que sus vestimentas, casi sin estrenar, estaban usadas.

Dos de sus aficiones preferidas eran pasar mucho tiempo mirando imágenes piadosas que iba guardando en una caja y darles un curso de espiritualidad a sus muñecas para enseñarles a rezar y hacer la señal de la Cruz.

Ya desde los cuatro o cinco años era la encargada de dirigir el rosario en familia y de recitar de memoria las letanías de la Virgen en latín, algo de lo que sus padres se sentían muy orgullosos.
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