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"Cristo quiso que su Iglesia sea una casa con la puerta siempre abierta"

Mensaje del Sínodo de los Obispos de la III Asamblea General Extraordinaria a las familias del mundo

Ciudad del Vaticano, 18 de octubre de 2014 (Zenit.org) Rocío Lancho García | 1220 hits
Los padres sinodales, reunidos en Roma junto al papa Francisco en la Asamblea Extraordinaria del Sínodo de los Obispos, se dirigen a todas las familias de los distintos continentes y en particular a aquellas que siguen a Cristo, que es camino, verdad y vida, y lo hacen a través de un mensaje publicado esta mañana. En primer lugar manifiestan "admiración y gratitud por el testimonio cotidiano que ofrecen a la Iglesia y al mundo con su fidelidad, su fe, su esperanza y su amor".
En el mensaje, subrayan que "Cristo quiso que su Iglesia sea una casa con la puerta siempre abierta, recibiendo a todos sin excluir a nadie". Asimismo agradecen a los pastores, a los fieles y a las comunidades dispuestos a acompañar y a hacerse cargo de las heridas interiores y sociales de los matrimonios y de las familias.
Como pastores de la Iglesia, indican que también nacieron y crecieron en familias con las más diversas historias y desafíos. "Como sacerdotes y obispos nos encontramos y vivimos junto a familias que, con sus palabras y sus acciones, nos mostraron una larga serie de esplendores y también de dificultades", recuerdan.
Por otro lado, observan que la misma preparación a la asamblea sinodal les "permitió escuchar la voz de tantas experiencias familiares". Después, el diálogo del Sínodo "nos ha enriquecido recíprocamente, ayudándonos a contemplar toda la realidad viva y compleja de las familias".
Y presentan las palabras de Cristo en la Apocalipsis "Yo estoy ante la puerta y llamo. Si alguno escucha mi voz y me abre la puerta, entraré y cenaré con él y él conmigo". Así, recuerdan que "Jesús sigue pasando hoy por las calles de nuestras ciudades. En sus casas se viven a menudo luces y sombras, desafíos emocionantes y a veces también pruebas dramáticas. La oscuridad se vuelve más densa, hasta convertirse en tinieblas, cundo se insinúan el mal y el pecado en el corazón mismo de la familia".
Ante todo -recuerdan los padres sinodales- está el desafío de la fidelidad en el amor conyugal. Tal y como observan "la vida familiar suele estar marcada por el debilitamiento de la fe y de los valores, el individualismo, el empobrecimiento de las relaciones, el estrés de una ansiedad que descuida la reflexión serena".
Por eso advierten que se asiste así a crisis matrimoniales que se afrontan de un modo superficial y sin la valentía de la paciencia, del diálogo sincero, del perdón recíproco, de la reconciliación y también del sacrificio. "Los fracasos dan origen a nuevas relaciones, nuevas parejas, nuevas uniones y nuevos matrimonios, creando situaciones familiares complejas y problemáticas para la opción cristiana", indican.
Entre tantos desafíos, los padre sinodales evocan el cansancio de la propia existencia. De este modo hacen referencia al "sufrimiento de un hijo con capacidades especiales, en una enfermedad grave, en el deterioro neurológico de la vejez, en la muerte de un ser querido". Por eso confirman que es "admirable la fidelidad generosa de tantas familias que viven estas pruebas", considerándolas "como un don que reciben y entregan".
A propósito, hacen referencia también a las dificultades económicas, en el padre o en la madre sin trabajo o en los jóvenes que transcurren días vacíos, en la multitud de familias pobres, en las que se aferran a una barca para poder sobrevivir, en las familias prófugas, en las que son perseguidas, en las que son golpeadas por la brutalidad de las guerras u otras opresiones. También piensan en las mujeres que sufren violencia, en la trata de personas, en los niños y jóvenes víctimas de abusos, en los miembros de tantas familias humilladas y en dificultad.
Por eso, los padres sinodales en este mensaje reclaman "a los gobiernos y a las organizaciones internacionales que promuevan los derechos de la familia para el bien común".
En la segunda parte del mensaje, recuerdan también "la luz que resplandece al atardecer detrás de las ventanas en los hogares de las ciudades, en las modestas casas de las periferias o en los pueblos, y aún en viviendas muy precarias".
Esta luz, aseguran, en el compromiso nupcial de los cónyuges, se enciende con el encuentro. "El amor del hombre y de la mujer nos enseña que cada uno necesita al otro para llegar a ser él mismo, aunque se mantiene distinto del otro en su identidad, que se abre y se revela en el mutuo don", afirman los padres sinodales.
Este itinerario, "comienza en el noviazgo" y "se realiza en plenitud en el sacramento del matrimonio, donde Dios pone su sello, su presencia y su gracia". Y este camino -añaden- conoce también la sexualidad, la ternura y la belleza, que perduran aún más allá del vigor y de la frescura juvenil. Citando el Evangelio de Juan, recuerdan que "el amor tiende por su propia naturaleza a ser para siempre, hasta dar la vida por la persona amada". Y …