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Gottlob
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Je suis Santiago González

A menudo, los ditirambos se me hacen en exceso melindrosos y un tanto impostados, como aquejados de una muy alta dosis de fatal gregarismo o de bobalicón asentimiento; y así, desdeñoso de tales muestras de almibarado proceder, procuro alejarme de su proclamación y abandonar su escritura. Hoy, sin embargo, se me antoja preciso hincar una lanza defensora que, si bien no incurre en los defectos que antes he señalado, sí desea participar de un sincero aliento con un conspicuo compañero de letras —a quien debo, entre otros, que mis muy humildes textos puedan cobijarse a buen resguardo—. Y es que leo con asombro y grandes dosis de preocupación que Monseñor Asenjo, Arzobispo de la Diócesis de Sevilla, ha prohibido al padre Santiago González, a la sazón fundador de Adelante la fe, publicar texto u homilía alguna en cualquier medio escrito o digital, al entender, supongo, que los escritos de éste no se avienen en demasía con la deriva —y el sintagma se me antoja adecuado— que vienen trazando ciertos próceres de la Iglesia católica. Por lo visto, dicha prohibición se ha manifestado de forma verbal —las admoniciones y reprensiones rubricadas acostumbran a ser incómodos y contumaces testimonios, siempre dispuestos a dar buena cuenta de lo que en realidad aconteció—, pero no por ello ha dejado de ser acogida por el joven presbítero sevillano con la encomiable obediencia que alumbra a todo buen servidor, por lo que el sinfín de lectores que acudían a su insigne bitácora sentirán, con su impuesta retirada, una suerte de expolio espiritual, un dolor por el hermano herido que nos reconcome, que nos escarnece, con el que nos condolemos. Supongo, además, que la vis un tanto tradicionalista del joven presbítero sevillano provoca un no demasiado silente rechinar de dientes en aquellos que desean una Iglesia más dúctil —o más dócil— o propenden, hueros de Evangelios, a la comunión con este mundo cochambroso y trastabillado que nos hemos dado, para el que el apegamiento a la doctrina católica se hace en extremo duro y doloroso.
Es por ello que desde que he conocido la noticia no he dejado de plantearme ciertas cuestiones que pudieran elucidar tal resolución —y, sin embargo, entenebrecerla—, por lo que, aun con las muchas limitaciones con que se enturbian mis muy humildes letras, deseo enumerárselas al amable lector.
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pedro de madrid
Si no le gusta al Sr. arzobispo que es lo que dice don Santiago, que señale que es, siempre me gustó leerlo; existen otros sacerdotes que ponen en duda dogmas