Pentecostes

A LOS EVANGÉLICOS LES RESPONDE LA BIBLIA (12)

A LOS EVANGÉLICOS LES RESPONDE LA BIBLIA (12)
(Tomado del Libro de FE CATÓLICA, “IGLESIAS Y SECTAS”)


CONTINÚA: (Sobre el Vicario de Cristo)
3. Perennidad del Vicario de Cristo.
El Sumo Pontificado, conferido a San Pedro, no debía terminar con su muerte. Es evidente que la Iglesia, establecida por Jesucristo para la salvación de los hombres, debía subsistir hasta el fin de los siglos; si es que estaba destinada por Jesucristo para procurar la salvación de todos los hombres.
Pues, de igual manera, debe subsistir el Sumo Pontificado, que Jesucristo confirmó a San Pedro. En efecto: si la Iglesia tuvo necesidad de un Pastor y Jefe Supremo, de un vínculo visible de unidad en sus principios, cuando los fieles eran aún poco numerosos; cuánto más necesario debería ser en los siglos posteriores, cuando la Iglesia se hallase extendida por toda la tierra.
Ahora bien, San Pedro no podría ejercer personalmente este ministerio hasta el fin del mundo, pues era mortal. Por eso el poder de Pedro, o sea su oficio y autoridad universal sobre todos los fieles y todos los obispos, debía ser transmitido a sus sucesores.

4. Resumiendo.
La persona de Pedro —por pura y libre voluntad de Cristo, no por necesidad alguna— ha de ser para la Iglesia lo que los cimientos son para el edificio: la base, lo primero y más importante, el principio de cohesión, de unidad y de firmeza. Si el fundamento se dividiese, la casa se agrietaría y desharía en otras tantas partes.
Pedro ha de ser también el portador de las llaves, el virrey, el hombre a quien se confía el supremo cuidado de todos y de todo. Y, por último, el que ata y desata, el árbitro plenipotenciario para decidir.
Es, pues, la persona de Pedro, revestida con la suprema Autoridad, quien ha de dar a la Iglesia cohesión y pervivencia firme; quien ha de defenderla, con la unidad de dirección, de sus enemigos exteriores.
Autoridad que ha de ser suprema y en todos los órdenes, no para destruir o cambiar, claro está, sino para robustecer la Obra de Cristo; de lo contrario no sería él el fundamento. Su autoridad estribará en la de otro. Y lógicamente—pues la Iglesia durará hasta el fin del mundo tal y como la fundó Jesucristo—tal autoridad suprema y universal pasará a los sucesores de San Pedro: Los Papas.


SEGUIRÁ, CON LA VIRGEN MARÍA.- M.S.G. – 21-2-26.
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