En la república Mexicana, donde desde que se estableció la verdadera religión se ha profesado una devoción tan constante y general al Señor San José, y se le han tributado cultos tan especiales, resultaría sorprendente que permaneciese casi absolutamente desconocida la obra que, en su obsequio y con el título de Vida de aquel santísimo Patriarca, escribió el respetable jesuita mexicano padre José Ignacio Vallejo. Esta consideración determinó la realización de esta tercera edición, dispuesta en un tamaño más cómodo, con buen papel y una cuidada corrección.
Esta obra, "Vida de Señor San José, Esposo de la Virgen María" o "Vida del esclarecido Esposo de la Inmaculada Virgen María", ya había sido impresa por segunda vez en Cesena y mereció los mayores aplausos de distinguidos literatos. Incluso el exjesuita Abate Ilerbas elogió la obra, destacando que Vallejo desentrañó lo mejor de los autores, separando lo falso de lo cierto, y lo verosímil de lo improbable, basándose en un gran estudio de autores antiguos y modernos, así como en el conocimiento de ambos derechos y de las ciencias sagradas. El sabio jesuita poblano Iturriaga y el eruditísimo portugués Manuel Acevedo también dedicaron elogios a esta obra y a su autor.
El principal cuidado del autor, José Ignacio Vallejo, fue expresar todo lo que consta de los documentos sagrados acerca del Tutor y Padre putativo de Jesús, supliendo con la tradición y doctrinas de los antiguos lo que no se halla escrito en el Evangelio. Después de los libros inspirados y de los Santos Padres, los teólogos más insignes contribuyeron a la ilustración de esta historia, infiriendo la santidad más ventajosa y las grandes prerrogativas que debían adornar a un Héroe llamado Justo en el Evangelio, escogido por la Eterna Sabiduría como Esposo de una Virgen incomparable y como Custodio y Padre del Hijo del Altísimo.
Esta Vida del Señor San José, escrita por el presbítero Vallejo, natural del obispado de Guadalajara en el reino de México, se funda sobre los testimonios más respetables y sobre las presunciones más verosímiles, cuando se trata de lo que los evangelistas callaron por motivos que solo Dios conoce.
Raul em fern compartió esto