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Cataros o "Puros"

Bottega
En el corazón de la Edad Media, en el Siglo XIII, surgió un poderoso ataque a la religión y a la civilización misma, y su nombre es “La Herejía Albigense”. “La Iglesia Católica está fundada sobre el …More
En el corazón de la Edad Media, en el Siglo XIII, surgió un poderoso ataque a la religión y a la civilización misma, y su nombre es “La Herejía Albigense”. “La Iglesia Católica está fundada sobre el reconocimiento del dolor y la muerte.” ¿Cómo podemos llamar glorioso al destino del ser humano, y al cielo su meta, y a su Creador infinitamente bueno y todopoderoso, cuando nos encontramos sujetos al sufrimiento y a la muerte? “¿Por qué habremos de sufrir? ¿Por qué habremos de morir?” La civilización pagana tomo el camino del estoicismo. “La filosofía del sonríe y sopórtalo”. Otro camino tomó Asia, el de la desesperanza del cual el mayor ejemplo es el del budismo: que invita a fundirnos con la vida y considerarnos semidioses El Catolicismo sabe que, desde la Caída, nuestra vida mortal, de acuerdo con nuestro comportamiento, es una prueba en la que recuperamos, mediante los méritos de Jesucristo, esa inmortalidad que perdimos. Y para llenarnos de fuerza y esperanza el Mesias resucitó de entre los muertos y nos dió prueba de la vida eterna. Ahora bien, el maniqueo se sintió tan abrumado por la experiencia o por la perspectiva del sufrimiento y de la naturaleza mortal, que se refugió en la negación. Afirmó que el mal se hallaba tan activo en el universo como el bien; reconoció tanto a un dios bueno como a un dios malo y dispuso su mente en concordancia con esa tremenda concepción, lo que conduciría a la adoración del demonio y a la magia, a realizar maldades en forma deliberada, De allí, nació el movimiento albigense o primer protestantismo. Nuestros cuerpos son materiales, decaen y mueren. Por lo tanto fue el dios malo el que hizo al cuerpo humano mientras el dios bueno hizo el alma. De allí también que Nuestro Señor sólo aparentemente se revistió de un cuerpo humano. Sólo sufrió aparentemente. Por eso se niega que Dios haya nacido de una virgen. Debido a que la Iglesia Católica estuvo fuertemente en contra de actitudes de esta clase, siempre existió un conflicto irreconciliable entre ella y el maniqueo o el puritano; y la forma de este conflicto, se volvería violenta durante la lucha que se entabló en el Occidente europeo entre los albigenses y la Iglesia Católica. El papado, la jerarquía, el cuerpo entero de la doctrina católica y los sacramentos católicos establecidos fueron el blanco de la ofensiva albigense. Europa Había sido sacudida por los saqueadores mongoles del Este, Y había sufrido el gran ataque mahometano sobre el Mediterráneo por el cual casi toda España quedó ocupada, se sojuzgó permanentemente el Norte de África y Siria quedando el Asia Menor y Constantinopla amenazadas. De ello nos queda el recuerdo de la aterradora advertencia “Moros en la costa” Europa había empezado a rechazar a sus enemigos. La filosofía se hizo vigorosa, la arquitectura se expandió, la sociedad comenzó a ser más organizada Toda esta nueva vitalidad impulsó el vigor tanto de la herejía como de la ortodoxia. En el año 1054 se había producido El Cisma de Oriente, animados por esa victoria, pequeñas comunidades proponían y propagaban una forma nueva – y, según ellos, purificada – de religión. “Los Puros” “Cathari” o cátaros. Empezaron a tomar fuerza, fueron condenados por el Concilio de Reims, en Champagne. Jerusalén habia sido capturada en 1099. Comenzaban a surgir las universidades, los parlamentos, y apareció el primer arco apuntado, el “gótico”. En esa atmósfera de vigor y crecimiento los cátaros se fortalecieron, San Bernardo, predicó contra ellos. En 1167, Los albigenses, plenamente organizados ya como una contra-Iglesia (en forma bastante similar a cómo el calvinismo se organizaría en contra-Iglesia cuatrocientos años más tarde), buscaron apoderarse de los bienes de la Iglesia. Esta contra-Iglesia altamente organizada amenazó la civilización. La primera Inquisición surgió por la necesidad de extirpar esta herejía.